Loading...
Síndrome Femoropatelar2018-08-06T08:48:49+00:00

SÍNDROME FEMOROPATELAR

Aunque a estas alturas el lector ya debería estar familiarizado con parte del léxico utilizado hasta este momento, no estará de más una breve definición. Llamamos «síndrome» a un conjunto de síntomas; como ejemplo, un síndrome febril puede agrupar diversos síntomas, tales como aumento de temperatura, enrojecimiento, dolor de cabeza, inflamación, etcétera. En cuanto a «patela», nos referimos al hueso de la rótula, y «femoral», al hueso fémur.

Por lo tanto, describo en este apartado la patología derivada del aumento de estrés articular de la rótula con el fémur, y cuyo síntoma principal será el dolor en la cara anterior de la rodilla, acompañado en ocasiones de inflamación e impotencia funcional o limitación del movimiento. Se trata de una relación maravillosa, como casi todo lo que acontece en nuestro prodigioso aparato locomotor, pero que puede volverse tormentosa, como ocurre cuando este vínculo deja de ser armónico. Si se me permite el símil con una relación amorosa mal avenida, desde el punto de vista lingüístico, el fémur sería el caballero y la rótula la dama, pero contemplándolo funcionalmente más bien sería al revés, ya que la rótula es la que presenta una excrecencia ósea o cresta ósea, un saliente del que se sirve la rótula para no salirse del canal o hendidura del fémur —la tróclea femoral—, que discurre entre ambos cóndilos femorales.

Se trata de una patología muy frecuente en corredores jóvenes menores de 30 años y las causas pueden ser intrínsecas, dentro de la propia articulación de la rodilla, o extrínsecas, fuera de la misma.

Anatomía del Síndrome Femoropateral

La rodilla es la articulación más grande del cuerpo humano y sin duda la que va a estar sometida a mayor desgaste y estrés durante la actividad deportiva.

Está formada por dos largos huesos, el fémur por arriba y la tibia por debajo, y la rótula o patela entre ambos, con los que forma una magnífica polea gracias a la acción muscular del cuádriceps por arriba y del tendón rotuliano por debajo, que a su vez se va a insertar en una prominencia que posee en su cara anterior, favoreciendo el movimiento de flexoextensión.

La rodilla es una articulación biplanar y bicondílea, al articular dos superficies redondeadas —cóndilos femorales— con dos superficies lisas —mesetas tibiales—, y curiosamente gracias a esta aparente incongruencia articular es posible tener la amplitud de movimiento y la calidad articular. Las mesetas tibiales sirven de alojamiento a los dos meniscos, interno y externo, que a modo de cojinetes amortiguan el impacto entre el fémur y la tibia. La rótula asimismo se encuentra recubierta por una membrana o cartílago para favorecer su deslizamiento sobre los cóndilos femorales a través de la cavidad intercondílea.

Además de los huesos, músculos y meniscos, la rodilla cuenta con una cápsula articular a modo de bolsa envolvente, ligamentos colaterales interno y externo, que ofrecen estabilidad extrínseca a la articulación, los ligamentos cruzados anterior y posterior, que estabilizan intrínsecamente, y el líquido sinovial, que lubrifica el espacio articular.

Huesos

  • Fémur.
  • Tibia.
  • Rótula.

Meniscos

  • Interno.
  • Externo.

Ligamentos

  • Intrínsecos: ligamento cruzado anterior (LCA) y ligamento cru- zado posterior (LCP).
  • Extrínsecos: ligamento lateral interno (LLI) y ligamento lateral externo (LLE).

Músculos

Cara anterior:

  • Cuádriceps: crural, anterior, vasto interno y vasto externo.
  • Sartorio: cruza el muslo de fuera adentro. Actúan extendiendo la rodilla.

Cara posterior:

  • Isquiotibiales: bíceps femoral, semimembranoso y semitendinoso. Actúan flexionando la rodilla.

Cara externa:

  • Fascia lata. Actúa rotando externamente la pierna.

Actúa separando, flexionando y rotando internamente la cadera.

Cara interna:

  • Aductores: largo, medio y corto.
  • Grácil.
  • Pectíneo.
síndrome femoropateral

Patología del Síndrome Femoropateral

La patología de la rodilla es el gran coco del corredor, por lo incapacitante que puede llegar a ser, y está relacionada con los traumatismos repetitivos fruto de la fricción del cartílago que recubre la cara interna de la rótula con los cóndilos femorales, principalmente el interno, al realizar el movimiento de flexoextensión durante la carrera.

Causas intrínsecas:

  • Mala estabilidad de la rótula.
  • Desgaste del cartílago de la rótula (condromalacia rotuliana).
  • Rótula desalineada.
  • Rótula con poco surco.
  • Rótula alta.

Causas extrínsecas:

  • Acortamiento de la musculatura relacionada con la movilidad de la rodilla: cuádriceps, isquiotibiales, banda iliotibial, gemelos.
  • Hipotonía de cuádriceps, sobre todo vasto interno e isquiotibiales.
  • Laxitud articular, que provoca holgura en la articulación, de carácter genético o adquirida.
  • Aumento del ángulo Q por genu valgo.
  • Genu varo.
  • Genu recurvartum.
  • Pie valgo y dinámica en pronación.

Causas ambientales:

  • Incorporación a la carrera sin la debida progresión.
  • Subir y bajar escaleras o correr en pendiente agresiva.
  • Cambio brusco de superficie del entrenamiento y competición.

El cartílago articular es un tejido blanquecino y liso a modo de teflón que recubre las superficies óseas, favorece el deslizamiento entre huesos y ofrece cierta amortiguación entre dichas superficies. Está compuesto por agua, colágeno, glucoproteínas, elastina, calcio y condrocitos.

Ya hemos visto que la causa del SPF puede estar relacionada con factores intrínsecos, problemas anatómicos de la rótula, alteración de las estructuras que se encargan de su correcta estabilización o desgaste de la misma.

Otro grupo lo conformarían los factores extrínsecos o externos, como son el aumento de tono muscular o la debilidad de los músculos relacionados con el movimiento de la rodilla, bien porque implique mucha presión a la rótula, bien porque su laxitud promueva exceso de movilidad a la misma. Este exceso puede venir determinado de manera genética o adquirido por un factor externo accidental, como la rotura del ligamento cruzado anterior, lesión difícil de provocar corriendo, pero relativamente frecuente en otro tipo de deportes como el fútbol o el esquí. Otra causa estaría relacionada con la alineación del eje que forma la tibia con el fémur, eje femoro tibial o ángulo Q, lo ideal serían 6º de valgo, considerado fisiológico.

Síntomas del Síndrome Femoropateral

El síntoma principal es un dolor sordo, profundo e inespecífico en la cara anterior de la rótula, sobre todo después de correr, a veces con sensación de arenilla e incluso chasquidos al realizar flexoextensión de rodilla, multisaltos, sentadillas o bajar y subir escaleras. En casos de condromalacia avanzada el dolor suele aparecer durante la carrera, para desesperación del corredor, que se ve obligado a parar.

Diagnóstico del Síndrome Femoropatelar

  • Radiografía simple.
  • TAC y RMN.
  • Analítica de sangre.
  • Artroscopia.

El diagnóstico clínico suele ser suficiente en la mayoría de los casos, fruto de una buena exploración e historia clínica. También aporta mucha información la radiología y sobre todo la tomografía axial computerizada (TAC). En algunas ocasiones puede ser necesaria la realización de una resonancia magnética, analítica en sangre e incluso el recurso de la artroscopia.

Ya he comentado que nuestro aparato locomotor se comporta como una cadena cinética formada por eslabones, de manera que la alteración de uno de estos a cualquier nivel va a tener una influencia más o menos directa en el resto de la cadena, y esta relación será más directa cuanto más cerca esté dicho eslabón del elemento lesionado.

Trataré de explicarme. El pie, al pronar más de lo debido —pongo este ejemplo porque es lo que ocurre en la inmensa mayoría de las ocasiones cuando corremos—, provoca una distorsión en pierna, rodilla, cadera y columna vertebral. Pues bien, esta distorsión derivada de un mal apoyo plantar repercutirá más directamente en los elementos anatómicos más próximos al pie —tobillo, rodilla, cadera, columna lumbar, dorsal y cervical—, pero no es menos cierto que, al igual que cualquier error funcional repercutirá de abajo arriba, también lo hará de arriba abajo, de forma que una columna escoliótica, por ejemplo, afectará a la posición de la pelvis y esta a su vez a la de los pies.

La rodilla es especialmente vulnerable porque se encuentra en medio de dos grandes elementos anatómicos que poseen buenos recursos articulares para adaptarse a situaciones de gran estrés. Por encima tiene la cadera, una articulación esférica y con gran recorrido y posibilidad articular, capaz de absorber grandes cargas de trabajo; por debajo, Mr. Pie, formado por un magnífico puzzle compuesto por 33 articulaciones que le va a permitir absorber igualmente grandes cargas de trabajo y adaptarse a las irregularidades del terreno.

Sin embargo, nuestras rodillas no tienen ni el recurso en forma esférica de la cadera ni el sistema multiarticular del pie. Al ser una articulación biplanar nos servirá para realizar millones de veces el movimiento de flexoextensión a lo largo de la vida, pero, como ya he comentado anteriormente, no le gusta nada que la impliquemos en movimientos rotacionales. Me viene a la cabeza el gesto del futbolista que clava sus tacos en el césped y se le gira la rodilla, o el esquiador que cae al suelo y no le salta la fijación. Y es que si bien los tacos de la bota de fútbol en forma de cuchilla permiten una gran adherencia y sustentación en campos de fútbol con césped alto o encharcado, evitando resbalones o pérdida de contacto con el césped, se convierten en un elemento agresivo para la rodilla en situación de estrés, como es un giro inoportuno o no deseado. Las actuales botas de esquí han resuelto el problema de los pioneros de este deporte, que presentaban frecuentes lesiones de tobillo por la falta de sujeción del pie. Las actuales, altas y rígidas, permiten un esquí rápido, seguro y agresivo, pero se convierten en una trampa mortal para la rodilla ante una situación de estrés no controlada, sobre todo cuando no salta la fijación, y esto puede ocurrir tanto a un esquiador de alto nivel competitivo, fruto de la intensidad del esquí, como a un novato ante un hecho fortuito, como una mala salida del telesilla o una caída accidental, siempre favorecida por un estado muscular poco desarrollado.

Y por último he citado los factores ambientales. Son muchos, pero me centraré en la carrera. Desde luego correr por correr es una actividad muy saludable, como es sabido, pero cuando nuestro aparato locomotor no está bien estructurado o presenta un déficit o error estructural, aparecerán los problemas en forma de lesión, aunque no siempre, y trataré de explicarme. Existen muchos corredores con un patrón estructural poco afortunado para correr y, sin embargo, nunca han padecido lesiones. Esto se debe, entre otros factores, a su calidad biológica y a que conocen cuáles son sus límites y son muy dogmáticos a la hora de entrenar, realizan el ejercicio con el margen suficiente para no caer lesionados y probablemente este sea el secreto: no sobrepasar el umbral de fatiga.

Y este comentario nos da paso a otra definición. Conocemos por umbral de fatiga la capacidad que tiene nuestro organismo para absorber determinadas cargas de trabajo o entrenamiento, de forma que si sobre- pasamos dicho umbral estaremos expuestos a sufrir algún tipo de lesión.

Ante la explosión o fiebre que vivimos actualmente por la carrera, veo cada día multitud de hombres y mujeres de todas las edades corriendo por las aceras a primera hora de la mañana y, lógicamente, hay de todo: personas que corren con estilo, personas que corren fatal, algunos con zapatillas nada aptas para correr, otros con una equipación de alta gama pero con un nivel de principiante, otros con una pisada horribilis o con una laxitud que les hace chocar una rodilla con la otra o un tobillo con la puntera del pie contrario, y todos con un elemento común: la utilización de una superficie mala, extremadamente dura.

Siempre que observo a estos fieles militantes de la carrera mañanera, muchos de ellos aparentes debutantes, me viene a la cabeza la misma reflexión: estos conciudadanos tienen un gran mérito, ya que madrugan, se ponen de gala running, combaten el frío y la lluvia, sortean árboles, perros y alguna que otra barrera municipal o de otro género, en definitiva le ponen entusiasmo y voluntad, pero no se han dejado asesorar sobre cómo integrarse en este mundo, y hablo de técnica, condiciones, elección de calzado deportivo, peso, estudio biomecánico de la pisada, prueba de esfuerzo, superficie de entrenamiento, ropa adecuada, nutrición, etcétera.

A menudo especulo sobre cuál será su motivación y ambición:

¿correrá por mantenerse en forma, absorbido por el boom actual, para perder peso, por liberar la mente, porque lo hacen sus amigos, estará en fase de progresión o habrá llegado a su límite propuesto, estará preparando una carrera y, sobre todo, llegará a buen puerto? A veces pienso que estoy un poco obsesionado y que solo veo gente pisando mal y a punto de lesionarse, incluso me dan ganas de parar a más de uno y preguntarle por sus rodillas, pero consigo contenerme con la reflexión de que al menos tengan la precaución de asumir que la solución ante una lesión, siempre desagradable e inesperada, no sea motivo para dejar de correr y, muy al contrario, empiecen a pensar que probablemente hay algo que no estén haciendo bien.

Desde luego cada día veo en consulta corredores lesionados de todo tipo, veteranos por acumulación o sobreuso y noveles por error anatómico o falta de adaptación a la carrera, y estos últimos a menudo me preguntan: «Doctor, si tengo que dejar de correr, dígamelo, para mí la salud es lo primero», lo que supone una gran responsabilidad para mí. Pero siempre digo lo mismo, sobre todo cuando me encuentro con el clásico principiante que no ha seguido ninguna de las reglas elementales para la carrera saludable. Mi respuesta: «Vamos a empezar a hacer las cosas bien y tú mismo tendrás la respuesta a esa pregunta». Casi siempre veteranos y noveles vienen ya lesionados, e incluyo con lesiones ya cronificadas en el tiempo por no haber tomado las debidas medidas terapéuticas, y para ello es importante distinguir entre sobrecarga y lesión. Las sobrecargas son naturales y frecuentes, y no suelen durar más allá de una semana, mientras que la lesión suele sobrepasar ese límite de tiempo. Por ello, ante un dolor puntual que supere este periodo, conviene parar y consultar al entrenador, fisioterapeuta, médico o podólogo. Es más sencillo solucionar los problemas en periodos iniciáticos que cuando ya se encuentran en fase crónica.

síndrome femoropateral

Prevención del Síndrome Femoropateral

La prevención pasará, lógicamente, por resolver los aspectos que definíamos como origen del problema, que son:

  • Estudio biomecánico del aparato locomotor para detectar posibles errores estructurales.
  • Neutralizar la pisada limitando el exceso de pronación.
  • Neutralizar el exceso de laxitud, mediante la tonificación de los músculos o grupos musculares implicados: cuádriceps, isquiotibiales, glúteos, etcétera.
  • Pauta de estiramientos para estos músculos o grupos musculares: cuádriceps, isquiotibiales, banda iliotibial y gemelos.
  • Ejercicios de propiocepción.
  • Elección de la zapatilla más adecuada.
  • Adecuación progresiva a la actividad.
  • Superficie de entrenamiento uniforme y de dureza media (caminos de tierra).
  • Mejorar técnica de entrenamiento, acortando la zancada y adelantando el apoyo plantar.

Tratamiento del Síndrome Femoropatelar

El tratamiento es variopinto y multidisciplinar, e incluye:

  • Fisioterapia.
  • Infiltrativo.
  • Ortopodológico.
  • Quirúrgico.

Medidas a tomar por el corredor

Reposo, frío e incluso una rodillera fenestrada (llevan un agujero o fenestra para orientar la rótula y proteger la rodilla en un primer estadio). En cuanto se supere esta primera fase de dolor se debe empezar a potenciar tanto la musculatura anterior, sobre todo el vasto interno, como la posterior o antagonista (bíceps femoral e isquiotibiales).

Están indicadas las actividades que conlleven poca flexión de rodilla (inferior a 30 grados), para minimizar la compresión de la rótula contra la corredera del fémur:

  • Nadar con patada de crol con aletas.
  • Bicicleta con sillín elevado.
  • Elíptica, siempre que no provoque dolor.

En la mayoría de los casos las medidas conservadoras pero realizadas con disciplina y de manera constante son suficientes, y solamente los casos más agresivos requerirán de solución quirúrgica.

El retorno a la carrera debe ser paulatino y en paralelo con el fortalecimiento muscular, que supondrá una rutina que no se puede abandonar si se pretende seguir corriendo con ciertas garantías. Si no se adoptan medidas frente al deterioro progresivo del cartílago articular de la rótula, se estará en la antesala de una situación de artrosis, que en rodilla se denomina «gonartrosis».

  • Reposo.
  • Frío.
  • Trabajo muscular: potenciación y estiramientos.
  • Evitar posiciones estresantes para la rodilla (posición en cuclillas).
  • Evitar correr por pendientes y superficies duras.

Fisioterapia

Irá encaminada a normalizar el desequilibrio muscular mediante técnicas de propiocepción, así como a disminuir el dolor de la rótula, con vendajes correctores y técnicas de electroanalgesia.

  • Electroterapia, US, láser, TNS, electroestimulación.
  • Masaje de descarga.
  • Reeducación muscular.
  • Hidroterapia, andar bajo el agua.

Entrenador

Se encargará de mejorar la técnica de carrera y programar un plan de fortalecimiento y de estiramiento muscular de entre 3 y 6 meses.

Médico

  • AINES.
  • Infiltraciones.
  • Artroscopia.

Pasaría por la prescripción de fármacos antiinflamatorios (AI-NES), infiltraciones con factores de crecimiento, colágeno, ácido hialurónico y medidas quirúrgicas. La cirugía podría estar indicada en los problemas graves de alineación, realineación rotuliana, revascularización en la condromalacia rotuliana, rótula alta, corredera femoral plana, etcétera.

Podólogo

Tratará de mejorar la alineación de la rodilla mediante correcciones ortésicas en el pie, utilizando para ello soportes plantares que contemplen las desalineaciones dinámicas del pie y la rodilla, así como los gestos deportivos que originen dolor. El calzado deportivo deberá tener la suficiente estabilidad para minimizar, en la medida de lo posible, la repercusión de un pie laxo sobre la rodilla.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies